Esta Hermandad encuentra sus orígenes en los albores del Siglo XVI, cuando en la Iglesia de San Pedro Apóstol, se comienza a dar culto a una imagen de Cristo Crucificado bajo la advocación de la Vera Cruz. Ya en el Siglo XVII, conocemos las primeras noticias de la Hermandad de las Benditas Ánimas del Purgatorio, que incorpora como titular a esta imagen de crucificado, pasando a denominarse Santo Cristo de la Vera Cruz y Ánimas, convirtiéndose pronto en una asociación de fieles de mayor pujanza y esplendor de la localidad. Se trataba de una Hermandad “de entierro”, que procuraba a sus hermanos, asistencia espiritual, cera, mortaja, oficio de sepultura y un número de misas, estipulada en sus Constituciones.
De los Siglos XVII y XVIII se conservan gran número de testamentos en el Archivo Histórico Provincial, en los que se dejan mandas y legados a favor de la Hermandad de Ánimas, siendo, al día de hoy, el primer documento que la cita, el testamento de Juan Vázquez Boza, fechado en 1671.
La Hermandad, labró capilla en la Parroquia, sin que sepamos la fecha exacta de su construcción; aunque no se conserva en la actualidad, sabemos que hacia el año 1870 se restaura. En ella tuvieron bóveda de enterramiento la familia Navarro, ascendientes del Beato Rafael Arnaiz de Barón, según testimonios del Cura de La Pizarra, D. Manuel Mª Arjona, tomado el día 13 de Noviembre de 1893 con motivo del Expediente para el Consejo de la Orden Militar de Calatrava de D. Fernando Barón y Cea-Bermúdez. En esta capilla se veneraba la Imagen del Sto. Cristo de la Vera Cruz y Ánimas. A través del codicilo de Dª Isabel de Vergara, otorgado el 3 de Octubre de 1796, sabemos de la donación de un cuadro del Señor del Mayor Dolor de Antequera, que tenia en su casa, para dicha capilla.
Entre los testamentos de sus hermanos, cabe destacar por su importancia el de Francisco Alejandro de Rivas, otorgado el 26 de febrero de 1742, ante el Notario Público Manuel Sánchez, en el cual pide ser sepultado “en la Iglesia Parroquial de dicho lugar, en la sepultura que le fuere señalada y que vaya vestido con el santo hábito de Nuestro Padre San Francisco de Asís, que me haga entierro según costumbre con la cruz alta parroquial y que asista la cera de la Cofradía del Santísimo Sacramento y de las Benditas animas, pagándoles su limosna…” Este hermano dona a la Hermandad su casa en la calle de Málaga, un Molino de “pan moler” en el Arroyo de Casarabonela, jurisdicción de la Villa de Casapalma y una barca “en el río Guadalhorce y camino real de Málaga en el vado que está junto al Molino que llama de Rodrigo Álvarez”, fundando una memoria de misas a las Benditas Ánimas de 13 misas (“de Santa Lucía en víspera de Navidad”) “en cada año perpetuamente por siempre jamás”.
En el Catastro del Marqués de la ensenada (1751) de La Pizarra y Casapalma, aparece la Hermandad de Ánimas de la Parroquial del Señor San Pedro de la Pizarra, respectivamente como propietaria de una casa en la Calle de Málaga y un Molino de “pan moler” en el Arroyo de Casarabonela. Estos bienes se perdieron con la desamortización de Godoy de 1798.
Otro de los documentos más explícitos, es el testamento de Micaela Ortiz, viuda de Bartolomé Sánchez Navarro que se otorgó el 19 de Abril de 1794 en el que pide ser amortajada con el hábito de San Francisco de Asís, sin capillo y enterrada en la Iglesia Parroquial de este lugar en la sepultura señalada, haciéndole entierro de parroquia, tres capas, misa de cuerpo presente, con acompañamiento del Estandarte, paño que cubre la caja de Ánimas, a la que se pago lo que constaba en sus Constituciones, así como la asistencia de 12 cirios de esta Hermandad pagándoles su asistencia y consume y a la del santo Rosario se le dio una libra de cera.
Esta Hermandad, sufrió las consecuencias de la Guerra de la Independencia y los alborotos del Siglo XIX. Ya a principios del Siglo XX y hasta 1931, se encarga del culto y sostenimiento de la Patrona, Ntra. Sra. de la Fuensanta, por carecer esta de Hermandad.
Por los documentos gráficos que obran en nuestro poder, sabemos que la Imagen titular, tenía los brazos articulados. Aunque procesionaba como Cristo Yacente, recibía culto en la Parroquia como Crucificado, y con esa impronta solo procesionaría de manera esporádica hasta comienzos del siglo XX. La tarde del Viernes Santo, tras el extenso Sermón de las Siete Palabras, una vez realizado el descendimiento de la cruz, recorrería las calles del municipio “la procesión de la Hermandad de las Ánimas”, precedido por la Imagen de Ntra. Sra. de los Dolores, con cuya Hermandad, siempre estuvo muy unida, abría el cortejo un crucificado de tamaño algo superior al académico, portado a modo de cruz guía y que por esta época comenzó a ser popularmente conocido como “El Santo Cristo de Paco Benítez”; por ser portada por un hermano llamado así, propiedad de la Hermandad y que se encontraba depositado en la Ermita de la Patrona.
En la mañana del 14 de Mayo de 1931, la Parroquia es asaltada perdiendo además de la imagen titular, el magnífico trono con sepulcro de cristal, realizado en 1929 en los talleres Espinosa, lo único que se salva del patrimonio es el antiguo sudario de tul bordado en oro y seis faroles de metal de un juego de doce.
Tras la Guerra Civil, ya en la década de los 40, se adquiere una Imagen seriada de Cristo Yacente, que realizó varias salidas procesionales, con el nuevo Párroco D. Francisco de Asís Martínez Franco, que tomó posesión de su cargo el 12 de Octubre de 1942, se suspenden las procesiones de Semana Santa, las Cofradías dejan de funcionar, exceptuando la de los Dolores, relegada al culto interno. No fue hasta 1966, cuando bajo la presidencia del nuevo Párroco D. José Melgar Gómez, se constituye de nuevo la Junta de Gobierno de la Hermandad del Santo Entierro, procesionando de nuevo el Viernes Santo de 1970. La Hermandad siguió su andadura hasta 1974, durante 20 años, realizó Estación de Penitencia, gracias a un grupo de vecinos, hasta su última reorganización en mayo de 1994, donde surge la Cofradía tal y como se le conoce.
El 12 de Marzo de 1995, se presenta la imagen titular mariana, Ntra. Sra. de las Penas, dolorosa, perteneciente a la Congregación de las Hermanas de la Cruz, quienes la ceden a la Hermandad, para su culto público, siendo conocida como “La Virgen del Convento”, procesionando por primera vez, el Viernes Santo de ese mismo año. El 20 de Junio de 1999, se bendijo la nueva Imagen del Cristo Yacente de la Paz y la Unidad, obra de Juan Manuel García Palomo y procesionada por primera vez el Viernes Santo de 2000, año en que la Hermandad, tuvo que realizar su salida procesional desde una nave del Polígono Industrial, debido a las obras de restauración que se estaban llevando a cabo en el tejado de la Parroquia, este año además, se caracterizó por la nueva presea que lució Ntra. Sra. de las Penas, frente al tradicional aro de estrellas, procesionó con la nueva corona por haber tenido lugar su Coronación Litúrgica el 9 de Abril.
El Domingo de Resurrección del 2000, Año Jubilar, también vendría marcado, por la primera salida procesional del Stmo. Cristo Resucitado, obra seriada de los talleres de Olot, donada por el Ayuntamiento de la localidad, y cuya procesión se organiza por las Cofradías de Pasión de Pizarra.
